Quietud es un árbol que invita a detenerse y habitar el silencio interior. Su presencia es serena, profunda, como esos momentos en los que no hace falta entenderlo todo, solo respirar y dejar que el cuerpo y la mente se acomoden. No busca llamar la atención, sino sostener espacios de calma real, de pausa consciente y recogimiento.
La Amatista aporta una energía suave y envolvente, asociada a la tranquilidad mental, la introspección y la protección emocional. En este árbol, su vibración se percibe como un descanso profundo, ideal para acompañar procesos de saturación, exceso de estímulos o etapas en las que necesitas bajar el ritmo sin desconectarte de ti. Es una piedra que no empuja, que acompaña desde la quietud.
Sus ramas son completamente móviles, lo que permite darle forma con libertad y adaptarlo al espacio o a la intención con la que lo colocas,su diseño flexible hace que puedas interactuar con él, ajustándolo poco a poco hasta que sientas que refleja tu propio equilibrio interno.
Para cuidar su energía, basta con limpiarlo suavemente con humo de Palo Santo o dejarlo descansar unas horas cerca de una Selenita. No necesita agua ni cuidados complejos. Se integra especialmente bien en dormitorios, rincones de descanso, espacios de meditación o zonas donde busques silencio mental y protección energética. Agradece la luz natural indirecta, sin exposición prolongada al sol.
No es solo un elemento decorativo. Es un refugio visual y energético, un recordatorio de que la calma también es un lugar al que se puede volver, desde dentro.
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